Etapas clave de la historia del vino

Un recorrido por los principales periodos que han marcado la evolución vitinícola de Valdepeñas.

Antigüedad

Primeros vestigios del cultivo de la vid y de la elaboración del vino en el territorio, con evidencias íberas y romanas que sitúan a Valdepeñas dentro de las grandes rutas vitivinícolas del Mediterráneo.

Edad Media

La continuidad del viñedo durante la etapa medieval, la influencia de las órdenes militares y el papel de la Reconquista en la organización y expansión del cultivo de la vid en la zona.

Edad Moderna

El traslado de la corte a Madrid, la apertura de los Caminos Reales y el crecimiento del comercio consolidan a Valdepeñas como proveedor habitual de vino para la villa y corte.

Edad Contemporánea

La expansión del siglo XIX, la llegada del ferrocarril y el reconocimiento de la Denominación de Origen marcan la configuración moderna del sector vitivinícola de Valdepeñas.

Etapas Clave

Los vinos de Valdepeñas conservan el legado de una tradición milenaria vinculada al cultivo de la vid y a la elaboración de vino como elemento esencial de la identidad del territorio. Este recorrido histórico recoge las principales etapas que han marcado la evolución vitivinícola de Valdepeñas desde la Antigüedad hasta el siglo XX.

Historia de la vid

Orígenes del vino

El cultivo de la vid nace en la Antigüedad y se expande por el Mediterráneo. Valdepeñas conserva evidencias tempranas de esta tradición vitivinícola.

Antigüedad

Siglos IV-I a. C.

Época Ibérica

Los primeros usos del vino

Los íberos ya conocían la vid y el vino en el territorio de Valdepeñas. Hallazgos arqueológicos confirman su uso ritual y ceremonial.

Época Ibérica

Siglos VI-I a. C.

Época Romana

Consolidación del vino

Roma impulsa el cultivo de la vid y la elaboración del vino. Prensas, bodegas y ánforas confirman su importancia económica y cultural en Valdepeñas.

Época Romana

Siglos I a. C.-V d. C.

Época Árabe y Reconquista

Continuidad del vino

Durante la etapa musulmana el cultivo de la vid se reduce, pero no desaparece. Los monasterios y la Reconquista permiten su conservación y recuperación.

Edad Media

Siglos VII-XIII

Reconquista

Raimundo de Fitero y la vid

Las órdenes militares impulsan el cultivo de la vid tras la Reconquista. Raimundo de Fitero juega un papel clave en la expansión del viñedo y las variedades.

Reconquista

Siglos XII–XIII

Madrid de los Austrias

Expansión y comercio del vino

El traslado de la corte a Madrid impulsa la demanda de vino de Valdepeñas. La producción y el viñedo crecen gracias a su posición estratégica.

Edad Moderna

Siglos XVI–XVII

Los Caminos Reales

Impulso al comercio

La apertura de los Caminos Reales mejora las comunicaciones con Madrid. El vino de Valdepeñas amplía su comercio y consolida su prestigio.

Edad Moderna

Siglo XVIII

Siglo XIX

Expansión y modernización

El vino de Valdepeñas vive un gran crecimiento y expansión comercial. La llegada del ferrocarril impulsa la producción y abre nuevos mercados.

Edad Contemporánea

Siglo XIX

Siglo XX

Reconocimiento y Denominación de Origen

Valdepeñas se consolida como referente vitivinícola nacional. La Denominación de Origen impulsa la calidad, la organización y el prestigio de sus vinos.

Edad Contemporánea

Siglo XX

Los primeros hallazgos del cultivo de la vid para la elaboración de vino los encontramos en Georgia, donde ya en el Neolítico, hacia el año 6.000 a. C., lo que demuestra una actividad de más de 8.000 años, mientras que la bodega más antigua del mundo la encontraríamos en Armenia. En concreto, a unos 50 kilómetros de Tiflis se encontraron cerámicas de ocho tarros grandes que contenían tartárico, málico, succínico y cítrico, varios de los denominados “ácidos del vino”, que presuponían la domesticación de la vid euroasiática. 

Ejemplos de vitis silvestre se encuentran aún en estado salvaje en parajes cercanos como Despeñaperros, siendo dioica, donde hay pies machos y hembras, aunque para elaborar vino necesitamos vitis vinífera europea, de la familia de las vitáceas, y que ha llegado a nuestros días sobre todo por el empeño de egipcios, griegos, fenicios y romanos, que hicieron extensivo este cultivo a sus colonias.

La vid llegó, casi con total seguridad, a la península ibérica entre los años 1.100 y 800 a.C. introducida por los griegos y los fenicios que llegaron hasta la costa mediterránea. En nuestro entorno nacional, la localidad gaditana de El Puerto de Santa María acoge la bodega fenicia de Doña Blanca, que data del siglo III a. C.; mientras que en el Parque Arqueológico del “Cerro de las Cabezas”, yacimiento ibérico que estuvo habitado entre los siglos VII-III a. C. y que formaba parte de una importante ruta de intercambios comerciales, se encontraron restos de pepitas de uva en un almacén, a escasos kilómetros de la actual Valdepeñas.

Gracias al “Cerro de las Cabezas”, yacimiento ibérico puro, no romanizado, que se encuentra en las inmediaciones del río Jabalón, afluente del Guadiana, sabemos que los antecesores íberos de los valdepeñeros conocían el fruto de la vid y los efectos mágicos del vino. Lo tomaban puro, sin bautizar, en contraposición con los romanos, que lo rebajaban con agua. Hay evidencias de intercambios culturales entre diferentes territorios y es más que probable que conocieran el vino y que lo utilizaran en algunos rituales funerarios o en otros acontecimientos ceremoniales. Además, se han encontrado ánforas para el transporte de líquidos, varias clepsidras, piezas cerámicas que son el antecedente de las actuales pipetas, y una podadera íbera.

 

El análisis de estos materiales, y la búsqueda de los denominados ácidos del vino, corroborarán un pasado vitivinícola aún mayor, en un asentamiento íbero elevado ubicado a escasos centenares de metros del cauce del río Jabalón, un afluente del río Guadiana, en cuyas inmediaciones, en el cercano Puente de San Miguel se encontró un contrapeso de prensa romana, civilización que pudo aprovecharse de una infraestructura anterior. Esta cercanía con el agua era clave para el conjunto de cultivos, incluido el de la vid.

De época romana, a falta de su datación definitiva, se han encontrado sendos contrapesos de prensas romanas en los parajes de Santa María de las Flores y en el Puente de San Miguel, al igual que una lápida romana con motivos florales de la vid y que versa sobre la obligación de plantar vides en la zona urbana de San Nicasio del siglo I dedicada a Norbana Maxiense. Se trata de una ofrenda realizada por su marido, Lucio Acninipo -racimo en latín- e incluye un escudo heráldico con racimo de uvas.

A los romanos les debemos la utilización del arado romano o de vertedera y la utilización de forma generalizada de las tinajas como medio de conservación y fermentación del vino.

Aunque, sin duda, los mayores vestigios se encuentran en el vicus romano de Aberturas, actual Consolación de la Nacional IV, y en la bodega romana del paraje de El Peral, dentro de un complejo rural de tres edificios que estuvo activo entre los siglos I y V de nuestra era. Uno de ellos alberga la bodega, de unos 350 metros cuadrados, con zonas totalmente diferenciadas destinadas al accionamiento de la prensa, la zona de pisado y prensado o locus y la zona de fermentación y almacenamiento de la cella vinaria (bodega).

En Alhambra, localidad que forma parte también del ámbito geográfico de la Denominación de Origen Valdepeñas, en la época Flavia, se incluía a Laminium como municipio en el itinerario de Antonino. La importancia del Ager Laminitano era estratégica al comunicar con el puerto de Cartagonova en sólo unas varias jornadas, hecho que ha propiciado que se hayan encontrado en este yacimiento ánforas griegas, cretenses y romanas. Además, acogía entre 5.000 y 6.000 legionarios romanos, que consumían vino de Campania, Calabria o Sicilia, entre otros. Aquí, se ha localizado una jarra que se solía utilizar para el servicio del vino denominada Lagynos.

Por su parte, en Granátula de Calatrava se encontraba el asentamiento de Oretum; mientras que en Alcubillas se ha localizado una crátera perteneciente a un noble romano con motivos de deidades griegas como Hermes o Zeus.

Algunos autores hablan también de Luparia –“tierra de lobos- como uno de los núcleos poblacionales que se unieron para formar la actual Valdepeñas.

A partir de finales del siglo VI apenas tenemos vestigios ni referencias en prácticamente un milenio, salvo referencias aisladas como la realizada por Gregorio de Tours hacia el año 584 en el que se habla de una importante plaga que se propagó por la Carpetania hasta la comarca natural de La Mancha que hizo que “no quedara viña, árbol, fruto ni hierva que no hubiera sido devorada por los insectos”.

La invasión de musulmana de la península ibérica, iniciada en el año 711, introdujo una época de receso en el cultivo de la vid, teniendo en cuenta que el vino forma parte de lo que la cultura musulmana denomina jamr, aunque coexiste cierta ambigüedad y la necesidad del cultivo de la vid para realizar ciertos postres, por el poder calórico de las uvas y las pasas y por su importancia en las conservas a base de vinagre como los escabeches. Por tradición oral, sin respaldo documental, se decía que en la zona se podía consumir vino “siempre y cuando fuese de Valdepeñas”, aludiendo a una posible bula del Califato de Córdoba y a pesar de que sea un concepto cristiano.

Los monasterios y la cultura del vino hacían necesario el cultivo de la vid, aunque fuera en entornos cerrados, porque es necesario el vino, que, como sabemos, se consagra en las celebraciones, mientras que el agua se bendice.

La Reconquista, aunque se materializa definitivamente con la toma de Granada en 1492, tiene su punto álgido en la victoria de Alfonso VIII en la localidad jiennense de Navas de Tolosa en 1212, relativamente próxima a Valdepeñas.

En este contexto, a partir del siglo XIII, irrumpen las órdenes militares, en un tiempo en el que algunos autores datan la fundación de Valdepeñas hacia 1243 por parte de Doña Berenguela, aunque no se conserva la carta fundacional.

Los Templarios, que promovieron el consumo de vino en sus incipientes monasterios, llegaron a la zona un siglo antes introduciendo mejoras como la sustitución de bueyes por caballos para las labores del campo, en un tiempo en que los gastos más importantes en una familia eran en pan y en vino, en el cuidado de las caballerías y la carne y el pescado, en este orden.

Tras la Reconquista se le da una aranzada (400 vides) a cada uno de los nuevos pobladores, aunque la introducción de la Tempranillo o Cencibel en la zona se produjo hacia 1150, tiempo en el que el monje cisterciense Raymond de Citeaux la llevó a las comarcas del Campo de Calatrava, de cuya Orden fue fundador y a La Mancha. Este monje-guerrero se le conoce también como Raimundo de Fitero, localidad navarra ubicada en el entorno de la Rioja Baja y Navarra que se supone como cuna del Tempranillo como cruce entre la variedad blanca Albillo Mayor o Torrontés y la tinta Benedicto, siendo la uva tinta de calidad más importante en nuestro país, recibiendo hasta una decena de nombres, de entre los que destacan Cencibel, Tinta del País, Tinta de Toro, Tinto Fino, Tinto Madrid y ul de lebre -ojo de liebre- en Cataluña.

Las órdenes militares, según Castro, obtenían ingresos por plantar y cercar las viñas y cobraban un cuartillo por cada pellejo de vino comercializado fuera de plaza como arbitrio, primando el vino que se elaborara en las respectivas Casas Tercias.

Una de las primeras referencias temporales de parajes importantes del viñedo en la zona de Valdepeñas las obtenemos de los libros de las cofradías entre los años 1491 y 1509, en el que se citan los plantíos de Santa María de Gracia, Santa María de Agosto, San Bartolomé, San Sebastián y San Nicasio.

De la importancia de viñedo en el Campo de Calatrava dan fe las provisiones dadas por la Reina Doña Juana hacia 1554 en las ordenanzas “para la protección y salvaguarda de las viñas de Valdepeñas de Calatrava. En ese tiempo, unas décadas antes, Felipe V había ordenado repoblar los viñedos de la zona, que casi habían desaparecido, con cepas traídas desde Anjou y de Poitu en Francia, aunque sería un par de siglos más tarde Carlos III el que ordenara poblar con “cepas de Borgoña los entonces esteparios campos de Valdepeñas”.

Por su parte, el gran tratadista Gabriel Alonso de Herrera hablaba de la Jancivel de Ocaña y de la uva blanca Lairén, en relación a la actual Airén, que es la variedad blanca más significativa en Valdepeñas y que es la más plantada en todo el mundo.

Uno de los primeros grandes avances de los Valdepeñas lo supuso el traslado de la corte a la villa de Madrid por parte de Felipe II en 1561, siendo el primer gran mercado de sus vinos, aprovechándose de los caminos iniciados por la Mesta. En ese tiempo se calcula una producción de unas 100.000 arrobas de vino y de que sus tierras “son muy fructíferas para panes y viñas”. 

 

Años más tarde, en 1575 la corona se vio apremiada a vender Valdepeñas al primer marqués de Santa Cruz, don Alvaro de Bazán por 104.895 reales y 8 maravedíes, iniciando un periodo de expansión en el que se plantaron 200.000 vides nuevas en el último tramo del siglo XVI, en el que el vino representaba el 17% de la riqueza local, monopolizada aún por el cereal. De esta época, e incluso con una referencia temporal incluso anterior, tenemos como ejemplos las cuevas de tinajas del actual Museo Municipal, de la Casa de los Vasco y de la Casa de los Caminero, que hoy en dúa alberga el Museo de la Fundación Gregorio Prieto.

Aunque el comercio con la villa y corte ya era incipiente, la apertura de los Caminos Reales hacia 1761, en lo que hoy en día es la estructura radial de las carreteras nacionales españolas, facilitó el tránsito de carruajes hacia Madrid por parte de los 45 arrieros referenciados en el Catastro de la Ensenada, abriéndose otra nueva vía hacia Andalucía gracias al nuevo trazado por Almuradiel y el posterior poblamiento de Despeñaperros. Fue el primer gran cambio en las comunicaciones, que recogió el testigo de la Mesta de Carreteros, y que se complementaría un siglo más tarde con la llegada del ferrocarril.

Se habla en 1790 de una producción de 200.000 arrobas, en una época en la que empiezan a gestarse algunas de las grandes bodegas valdepeñeras, más allá de las dos bodegas propias del Marqués de Santa Cruz, descrita hacia 1774 por José Viera y Clavijo, como “una de las siete maravillas del mundo”, su alquitara y la bodega de la Casa Tercia. Aunque con anterioridad, se habla en una etiqueta de una tradición vitivinícola que se remonta a 1430 por parte de la familia de Santamaría y Merlo, la familia Morales acredita un periplo comercial desde 1746 y surgen a final de este siglo las bodegas de Salvador Galán (1794) y la de “La Sagrada Familia” (1796).

De la calidad de los vinos valdepeñeros en esa época, habla el inglés Richard Ford en su libro “Las cosas de España”: Las mejores viñas y bodegas son las que pertenecían a don Carlos y las del marqués de Santa Cruz. A propósito de éste, no estará de más recordar una anécdota que pone de relieve el abandono tradicional de los españoles y la manera que tienen de hacer las cosas. Este verdadero prócer (el marqués) uno de los más distinguidos entre los aristócratas por su jerarquía y su talento cenaba una noche con un embajador extranjero en Madrid. Este señor era gran aficionado y entusiasta del Valdepeñas (como todas las personas juiciosas deben serlo) y se tomaba mucho trabajo para conseguirlo puro, enviando a buscarlo a personas de confianza y barriles en condiciones. En cuanto el marqués se llevó a los labios la primera copa, exclamó: -¡Magnífico vino! ¿Cómo se las arregla usted para comprarlo en Madrid? Me lo envía -replicó el embajador- su administrador de usted en Valdepeñas y tendré mucho gusto en procurarle a usted un poco”.

El siglo XIX es de auténtico esplendor y desarrollo industrial de Valdepeñas, uniendo la vocación exportadora que siempre han tenido sus vinos, abriendo mercados en las antiguas colonias españolas como Cuba, Puerto Rico y Filipinas o Méjico, Venezuela, entre otros países hispanoamericanos.

 

Tras unos años difíciles, tras la batalla del Seis de Junio de 1808, en la que los valdepeñeros ofrecieron una gran resistencia a las tropas napoleónicas del general Ligier Belair, lo que le valió la concesión de “Muy Heroica Ciudad a Valdepeñas” por su importante papel en la victoria final del General Castaños, los vinos de Valdepeñas remontaron y copaban los almacenes de vino de Madrid hasta llegar a la famosa escena de Mesonero Romanos en Escenas Matritenses en la que dice: las tabernas de la calle Toledo estaban llenas de recuas de manchegos que en mulas tordas pasaban y distribuían el vino de Valdepeñas”. 

 

No en vano, el vino de Valdepeñas se vendía en bastante más de la mitad de las 1.500 tabernas de la villa y corte, protagonizando luchas entre corredores como Trapero o Müller para ver quien procuraba más puro el vino de Valdepeñas. 

 

Otro hecho que demuestra que la vid se fue erigiendo en un cultivo mucho más importante, vertebrando la economía local, fue la ampliación del término municipal y de la actual zona de producción con 14.000 hectáreas procedentes de localidades del Campo de Montiel como Alhambra y Torre de Juan Abad, aunque sería la llegada del ferrocarril, concretamente la línea M.Z.A. (Madrid-Zaragoza-Alicante), en 1861, la que propiciaría el mayor crecimiento comercial y cambiaría por completo la fisonomía de la ciudad, que disfrutó de su propia banca (la Banca Piqueras) y con las primeras sucursales en nuestro país de entidades como el Banco de España, el Banco Español de Crédito o el Banco Bilbao.

 

La llegada de la filoxera a Francia unas décadas antes que en España disparó la demanda de los vinos españoles, y en especial de los de la zona de Valdepeñas, que enviaban un tren diario de vino a Madrid de 25 vagones con tableros móviles para el envío en pellejos, bocoyes o cubatos. 

 

Las bodegas que se habían formado con anterioridad como Pedro Tello (1810), “Viuda e Hijos de Tomás López-Tello” (1840), Ramón Caravantes (1850), Avansays (1861), Vicente Cornejo y Cia (1865), al igual que las de nobles como el Marqués de Santa Cruz o el Marqués de Mudela, encontraron una forma inmejorable de hacer llegar sus vinos no sólo a Madrid y Andalucía, sino también a los puertos de Valencia y Alicante y su consiguiente acceso a Cuba, Filipinas y a todo el continente americano.

 

Mientras, gran parte de los más de 27.000 habitantes censados en 1857 encontraron acomodo en bodegas como Tarancón (1870), Luis Palacios (1870) -que inició años más tarde el comercio con Rusia-, Bodegas José Mompó -referente de Bilbaínas- (1870), Ruiz de León (1875) o Miguel Caravantes y Cía (1875), entre otras muchas.

 

Tal era la importancia de esta indicación de calidad, que en la Exposición Vinícola de Madrid de 1877, más de la mitad de los expositores, 147, eran de Valdepeñas.

Valdepeñas era, en los inicios del siglo XX, el referente vitivinícola de España, acogiendo en 1905 la visita real y en 1908 el denominado Mitin del Vino y los Alcoholes. Además, gracias al Campo de Experimentación Vitivinícola, inaugurado en 1911, Valdepeñas contó con una la primera “Enológica” para abordar los tratamientos con los que atacar la plaga de filoxera que se había manifestado en la zona unos años antes.

 

Valdepeñas acogió en 1925 la fundación de la Federación Regional de Viticultores y creó, tres años más tarde, su propio Círculo Mercantil Vinícola para defensa de los intereses de sus vinos. Esa labor se concretó con el reconocimiento, el 8 de septiembre de 1932 de la Denominación de Origen Valdepeñas en su primer Estatuto del Vino, aunque su creación definitiva se produjo en 1968. En ese año se habla de 400 bodegas, de las cuales 113 venden el vino fuera de plaza y diez exportan al extranjero.

 

En el panorama ferial, Valdepeñas ha sido también un referente al organizar en 1952 la I Feria Regional del Vino de La Mancha, antecedente de FERVINO y de la actual Feria Nacional del Vino de Ciudad Real (FENAVIN).

 

Valdepeñas ha sido pionera también en contar con la primera mujer en presidir un Consejo Regulador, honor que recayó en la conocida enóloga y divulgadora María Isabel Mijares, que accedió al cargo en 1982 para ayudar en la puesta en valor de los vinos de la denominación de origen.

 

Por último, la actual Asociación Interprofesional Vinos de Valdepeñas, constituida en julio de 2025, es heredera de la anterior Asociación Interprofesional de Vitivinicultores del ámbito geográfico de la DO Valdepeñas, que ha estado vigente desde 2004, como resultado del cambio en la Ley del Vino, hasta su disolución.